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2005/06
 
 
Rodrigo Alonso  
  El grupo no tiene pretensiones de eternidad pero sí promete unión de un año. Será una prueba de laboratorio entre tres varones y tres mujeres unidos por el arte. El proyecto fue generado a partir de una circunstancia nada caprichosa y más que ponderable: la amistad entre artistas.

La producción de cada uno es afín: es pintura, es gráfica, es figurativa; hay más semejanza que diferencia, hay más armonía que competencia. El blanco y negro de Claudia Fernández es más austero que el color de los tres restantes; las formas de Bárbara Steimberg  son más escultóricas; el universo de Sebastián Pastorino parece más englobador; el de Paula Otegui, más comunicador.
El factor aglutinante más fuerte entre los artistas es la amistad, es decir, un vínculo entre personas, una forma de acercamiento, de comunicación y de afecto. Sienten que tienen un lenguaje en común con el que se entienden más allá de las palabras.

Los cuatro artistas retoman y vigorizan la tradición pictórica, toman partido por la figuración, no realista, más nutrida de la gráfica, de la historieta, y hasta del dibujo animado. La publicidad, los medios gráficos y los medios de comunicación masiva dejan una marca en la forma de percepción de la realidad, y nuestros artistas parecen no ignorarlo. Rescatan la línea como una forma fundamental de expresión; una línea plástica, pero también una línea de comunicación. Muchas veces (por no decir siempre) el entendimiento tiene que ver más con una empatía con el interlocutor, que con la claridad del signo: creo que el otro me entiende y que yo entiendo al otro, en tanto haya una sintonía emocional.

El lenguaje está lleno de equívocos, y son cientos los filósofos que han reflexionado y escrito sobre este tema. Nuestros artistas emplean un signo icónico, que no deja de tener cierto grado de ambigüedad pero a la vez, una apertura simbólica que lo transforma en "obra de arte", un objeto provisto de densidad poética y simbólica, capaz de establecer una comunicación más allá de la comprensión intelectual.
  Cada artista tiene una posición tomada frente a su obra, Paula cree que "el mundo es una suma compleja -a veces patética- de elementos redes, sistemas" y que "lo importante transcurre en las relaciones (Š), todo sucede al mismo tiempo y las tramas se extienden infinitamente".

Sebastián afirma que su pintura es "la crítica, la creencia, el convencimiento de la existencia de nosotros, del mundo, de la vida de todos, de nuestras elecciones relativas, de la identidad, del comportamiento; indaga nuestra autonomía, la voluntad, el pertenecer,  las obligaciones, las exigencias morales, los valores,  las costumbres, las pasiones; las relaciones entre el individuo y la sociedad, los grupos, las masas, las muchedumbres".

Claudia no titubea al afirmar que su obra "remite a la comunicación y al malentendido como su contrapartida", en su obra "la comunicación se vuelve íntima y refiere al universo femenino (preocupaciones, contradicciones, deseos) y a la ambigüedad del rol de la mujer, o al menos de la mujer que habla; a medida que la obra adquiere mayor síntesis formal, el título se vuelve cada vez más complejo, contradictorio e imprescindible".

Bárbara dice que su obra "se mueve, vibra, se estremece; es el punto de inflexión entre un antes y un después, la reacción que surge a partir de los acontecimientos, el movimiento que permite la huida para demorar o disuadir lo que inevitablemente acontecerá", su personajes no hacen referencia al hombre "solo tienen la posibilidad de movimiento, reaccionan, observan, se sorprenden, intentan mantener el equilibrio y huyen".

En resumen, cada artista se siente "parte deŠ.", una unidad dentro de un todo. Ese todo fue un pasado en el misma trama formativa, y se proyecta en un futuro con sus obras conviviendo durante un año, dialogando entre ellas y entre ellos con un lenguaje privilegiado,  el de la pintura.

Julio Sánchez
 
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